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Artículo aparecido en HOSTELPRO [Junio de 2012]

La revista Hostelpro, dedicada a proyectos y proveedores de hostelería y restauración, publicó el pasado mes de Junio un artículo sobre Finca de los Arandinos. Aquí reproducimos una parte del mismo, que fue redactada por el arquitecto de proyecto, Javier Arizcuren. Así descubriremos cuales fueron las claves y razones del proyecto Finca de los Arandinos.

“El lugar, entendido como el conjunto de una serie de realidades físicas, topográficas, climatológicas, pero también de otro tipo, como históricas, económicas, familiares, etc,. fue el punto de partida y de destino de este proyecto.

Un cantarral, conjunto de piedras depositadas por los agricultores que cultivaron las tierras sobre las que descansa la bodega en el límite de las mismas, marca y guía el desarrollo en planta de la bodega.

Al fondo de la foto a la derecha, restos de las piedras depositadas por los agricultores que cultivaron las tierras.

Esa línea quebrada de piedras, parecía tener vocación de convertirse en muro, y así, el proyecto adopta su geometría a dicha línea reutilizando las piedras para construir un muro que se convierte de esta forma en preexistencia sobre la que descansa una arquitectura blanca y tersa.

El resultado, una línea cóncava hacia el paisaje lejano, para amplificar las vistas desde el edificio hacia dicho paisaje, y convexa hacia el interior de la parcela, hacia los viñedos, con la intención de abrazarlos e “introducirlos” en el edificio mediante grandes paños de vidrio, en una suerte de fusión de la viticultura y la enología con un único fin, hacer vino.

El programa se resume en una pequeña bodega de elaboración y crianza de vinos de alta gama y un hotel de 4 estrellas con 14 habitaciones, dos de ellas Junior Suite.

Con estas premisas, se opta por resolver el programa buscando los dos usos a priori diferenciados, con la intención de que el visitante del hotel tenga la sensación de alojarse en una bodega y que la bodega cuente con una materialización más propia de un hotel que de una actividad industrial. Esto se consigue agrupando ambos usos en un mismo edificio en el que los espacios se suceden sin solución de continuidad, favoreciéndose las visuales cruzadas entre hotel y bodega y entre ambos y el paisaje de viñedos que rodea el edificio.

Vista de la triple altura: restaurante en planta sótano, recepción en planta baja y habitaciones en plata primera.

El hall-recepción y el adyacente comedor en triple altura con vistas a la nave de barricas, son los espacios que mejor ejemplifican lo anteriormente expuesto, con su gran ventanal hacia el paisaje y el monte Moncalvillo, y con conexiones funcionales y visuales con la bodega y las diferentes estancias del hotel; habitaciones, spa, etc.”.

Podrás ver el artículo original en el siguiente enlace: Enlace

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